martes, 31 de enero de 2017

Energías renovables, importaciones y producción nacional

El titular de CADIEEL, la cámara que agrupa a los fabricantes argentinos de equipos para la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, explicó que llevan cuatro pedidos de audiencia ante los titulares de Energía y de Producción, Aranguren y Francisco Cabrera, que “jamás” fueron respondidos. El motivo del pedido de audiencia es para alertar, según las estimaciones de CADIEEL, que el 35% de las fábricas redujo personal, la mitad disminuyó su producción y ocho de cada diez industrias trabaja en un solo turno. “Queremos que el ministro escuche nuestra propuesta para convocar a una mesa de trabajo multisectorial y federal en la que se reúnan los adjudicatarios de las licitaciones para energías renovables y térmica distribuida, la industria, los sindicatos y el sector público para constituir un ámbito de diálogo en el que podamos ofrecer el producto del trabajo argentino y no dejar pasar esta oportunidad tan importante para nuestro desarrollo competitivo”, indicó Cavanna. El dirigente fabril consideró que “es imprescindible que el Estado intervenga para que los adjudicatarios permitan que la la industria argentina compita, tal como lo hace exitosamente en los 60 países de los cinco continentes a los que exporta”. Y en este sentido destacó que los planes de inversión en materia energética anunciados por el Gobierno deben ser una “herramienta de desarrollo para las industrias y los trabajadores argentinos, especialmente cuando son soportadas con los recursos de los argentinos.” En tanto, el ejecutivo puso de relieve que “el ecosistema de las renovables es una actividad con de generación de empleo” que destacar que “por cada MW eólico de potencia instalada con insumos fabricados localmente se pueden generar 20 puestos de trabajo directos y otros 160 indirectos”. Además, precisó que para las pymes argentinas fabricar el equipamiento requerido para la instalación de energía térmica distribuida con “estándares internacionales de calidad insumiría no menos de un millón y medio de horas hombre directas y 4.500.000 indirectas. Es decir, seis millones de horas de trabajo argentino”. “Las fábricas argentinas devuelven en impuestos al Estado un 47 % de los valores de venta, aportes que sirven para garantizar educación, salud y justicia. Los productos extranjeros sólo tributan derechos de importación e IVA, sin contar que no generan ni un sólo empleo y transfieren al exterior el 100 % de las divisas lo que deteriora nuestra balanza comercial”, concluyó Cavanna.

martes, 17 de enero de 2017

NUEVO PARADIGMA DEL SISTEMA ELÉCTRICO

2016 fue un año clave en materia de generación de electricidad con recursos renovables. Después de muchos años de manifestaciones de buenos propósitos para aprovechar el gran potencial disponible, se ha producido un salto cualitativo que define - esperamos que de manera irreversible - un nuevo rumbo con dirección a mejorar la composición de nuestra matriz energética, excesivamente concentrada en el empleo de fuentes no renovables (en parte, importada). El objetivo planteado en la ley es alcanzar a cubrir el 8% de la demanda energética con fuentes renovables en el año 2018. Con este ritmo de decisiones es muy probable que esa meta se pueda cumplir. Según datos oficiales, en las licitaciones de energías renovables del 2016 se han adjudicado 59 proyectos eólicos y solares por 2.400 Mw de potencia; valor equivalente al 7% del total de potencia instalada en el país y a la capacidad de una gran hidroeléctrica como Yacyretá. Las inversiones en dichos proyectos serán del orden de los u$s 4.000 millones, distribuidos en alrededor de dos años de construcción. Estos emprendimientos están localizados en 13 de las 24 provincias, y requerirán una ocupación de unas 20.000 personas en su implementación. Otro hecho de importancia es que el valor cotizado de producción de electricidad basada en estas fuentes (entre u$s 50 - 60/Mwh), rompe el mito de su elevado precio (en licitaciones anteriores el importe solicitado por los oferentes estuvo en el orden de u$s 120/Mwh) y es inferior al valor promedio del sistema de generación. Estos cambios abren nuevas posibilidades de actividades en el sector privado en materia de recursos humanos, organizaciones prestadoras de servicios técnicos y de comercialización, tecnología nacional, etc. Un campo de gran potencial que se va despejando, y en el que podrían producirse transformaciones hasta ahora impensadas, es el de generación distribuida; sistema en el que el consumidor de energía también es productor en pequeña escala, tanto para consumo propio como para vender electricidad a la red. En particular la energía solar es más apta, ya que tiene menores economías de escala que la eólica. Este sistema, entre otras ventajas, tiene mejor eficiencia (disminución de pérdidas eléctricas) y emplea redes de mucho menor costo que las convencionales líneas de transmisión de media y larga distancia. Este verdadero cambio de paradigma en la configuración y el funcionamiento del sistema eléctrico requerirá del imprescindible apoyo y regulación estatal, así como del desarrollo de una curva de aprendizaje de varios años tendiente a estimular la disminución de costos.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Potenciar nuestros recursos renovables: la hidroelectricidad

La hidroelectricidad, junto con la energía eólica y la solar, entre otras, es una fuente de energía renovable. Los aprovechamientos hidráulicos planificados (en especial de propósitos múltiples), proyectados, ejecutados y mantenidos adecuadamente contribuyen al abastecimiento de agua y energía. Además permiten el almacenamiento de energía a través de la regulación del embalse, el riego y uso industrial, el control de crecidas, la navegación, la intercomunicación vial, la protección de la fauna ictícola, el turismo y la recreación, entre otros beneficios. La Argentina tiene una experiencia acumulada en materia de emprendimientos hidroeléctricos y un potencial de explotación del recurso hídrico en gran medida desaprovechados desde hace más de dos décadas. Nuestra matriz eléctrica actual está conformada aproximadamente en un 95% por energía térmica (65%) y energía hidráulica (30%). El resto lo integran la energía nuclear, otras renovables y la energía importada de países limítrofes, cuando así se requiere. Como sabemos la energía térmica se basa en hidrocarburos: gas y derivados del petróleo. Siendo estos recursos no renovables. La potencia instalada hidroenergética en nuestro país creció a un ritmo superior a la térmica hasta 1988 y luego de ese año tendió a amesetarse. A partir de 1997 el aumento de la generación térmica fue notoriamente superior a la hidroenergética, que prácticamente se estacionó en los valores alcanzados a esa fecha. Esta concentración de la matriz eléctrica en las fuentes térmicas no renovables estuvo notoriamente influenciada por la privatización de empresas públicas de electricidad (Agua y Energía S.E. e Hidronor S.A, principalmente), el retiro del Estado como planificador y productor, cambios tecnológicos en los equipos térmicos que aumentaron sensiblemente su rendimiento, el menor plazo de retorno del capital invertido en generadoras térmicas, la carencia de fuentes de financiamiento a largo plazo y el bajo precio del gas local en ese entonces. Desde el punto de vista temporal, actualmente una planta de generación térmica tiene un plazo de construcción de alrededor de 2 años (plantas que además se puede desarmar y trasladar a cualquier punto del planeta), en tanto que las obras hidroenergéticas demandan plazos que van de los 5 a 10 años de ejecución y constituyen un capital no recuperable. Pero además de los factores mencionados precedentemente, se deben tomar en cuenta otros efectos benéficos (que no se consideran en los cálculos privados) para decidir la mejor opción en cada caso. Las obras hidroeléctricas -que se pueden construir íntegramente con recursos y mano de obra locales- bajo ciertas condiciones pueden constituir un factor de crecimiento social, económico y de infraestructura en la región de implantación. Fenómeno que no se produce con las plantas térmicas. Por otra parte, los cálculos de costo - beneficio de estas obras se inclinan a favor de la energía hidroeléctrica a medida que el precio de los hidrocarburos aumenta. Especialmente el del gas. Como sabemos, la Argentina pasó de ser un país con gas a tener que recurrir al abastecimiento externo; afectando así negativamente nuestro comercio exterior. Si bien existen expectativas respecto a la explotación doméstica de gas no convencional, la producción para cubrir la demanda interna se alcanzaría en el mediano y largo plazo. Dados los beneficios y condiciones actuales, éste es un buen momento para impulsar un plan de obras hidroenergéticas planteando una secuencia temporal que permita su ejecución, asegure nuestro abastecimiento y aproveche el potencial energético de nuestros recursos renovables. Algunos pasos ya se han dado en ese sentido con obras en marcha o de próxima ejecución. Para elaborar dicho plan deberían tomarse en cuenta al menos 5 condiciones para fortalecer su viabilidad. Financiamiento. Para comprometer financiamiento de largo plazo hay que lograr una combinación de recursos públicos, de organismos internacionales y del sector privado. Los recursos públicos pueden originarse en un fondo específico destinado a ese fin, similar a los existentes antes de la privatización. El financiamiento internacional podría provenir de entidades mundiales o regionales como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento, que a su vez facilitan el apalancamiento de otros préstamos. También es posible obtener préstamos ventajosos de agencias de exportación de proveedores externos. Los recursos privados se podrían conseguir adjudicando la obra a un consorcio de empresas privadas que además, una vez terminada, la opere y la mantenga a cambio de un contrato de abastecimiento energético que permita recuperar el capital invertido. Acuerdos provincias - nación. A partir de la reforma constitucional de 1994, las provincias tienen el dominio originario de los recursos de su jurisdicción. Esto implica que los emprendimientos hidroenergéticos tienen que ser acordados con las respectivas provincias, asegurando con ello los beneficios locales de equipamientos que aportan al sistema nacional de electricidad. Condiciones socio ambientales. La experiencia y los cambios de paradigma de las últimas décadas implican una visión más profunda de las consecuencias sociales y ambientales de esto emprendimientos. Las normas actuales exigen un análisis estricto y la consulta de los intereses locales afectados por las obras. Ello constituye un medio apropiado para mitigar los posibles efectos adversos de una nueva usina. Proyectos hidroenergéticos. Existe un número importante de estudios y proyectos de diversa magnitud, elaborados por las ex empresas públicas, que son practicables con las debidas adecuaciones tecnológicas y ambientales. Ese conocimiento implica un capital invertido que no debería desecharse, ya que llevó muchos años de trabajo de cientos de técnicos y profesionales que si hoy habría que realizar sería muy costoso y complejo. Sobre el particular, a nivel gubernamental, se están desarrollando tareas de reelaboración de proyectos que permitirán disponer en un corto plazo de un catálogo actualizado de obras a licitar cuando así se decida. Finalmente, para llevar adelante un programa que contemple de manera integral los aspectos involucrados en su desarrollo, permitiendo incrementar sustantivamente la participación de las energías renovables en la matriz eléctrica, deberían establecerse diseños institucionales que definan claramente las responsabilidades de las diferentes competencias públicas y privadas. Es posible que una institucionalidad así reformulada demande la conformación de una agencia responsable de ejecutar y coordinar las tareas que aseguren el logro de las metas propuestas.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Generación distribuida o descentralizada de la electricidad: un paso hacia la desmonopolización del mercado de distribuición de electricidad

La distribución de la electricidad, como la de transporte de energía, históricamente se considera un monopolio natural. Es decir que su producción por una empresa es más económica que si la realizan dos o más entidades. Sin embargo, los adelantos tecnológicos (y la reducción de sus precios) de los últimos años están facilitando el cambio de esa estructura productiva. Generalmente, los países generan la mayoría de su electricidad en grandes instalaciones -que requieren de un sistema de operación centralizado- tales como plantas de combustible fósil (carbón, gas natural), nucleares o hidroeléctricas. Estos equipamientos son excelentes a escala de rendimientos económicos, pero normalmente exigen líneas de transmisión de la electricidad a grandes distancias y por ello el rendimiento energético (pérdidas de energía) y medioambiental es bajo (grandes torres y líneas múltiples y extensas), y el costo de operarlas y mantenerlas es alto. Las centrales eléctricas se ubican en lugares determinados en función de ciertos factores económicos, de seguridad, logísticos o medioambientales, entre otros, que provocan que la mayoría de las veces la energía se genere muy lejos de donde se consume. Por ejemplo, las centrales térmicas se construyen lejos de las ciudades por motivos de contaminación atmosférica e incluso lo más cerca posible de las zonas de obtención de los combustibles fósiles. Otro ejemplo son las centrales hidroeléctricas que han de colocarse en los curso de agua, normalmente en lugares alejados de los centros de consumo como el Comahue, Yacyretá y Salto Grande, para mencionar algunos. La particularidad de la geografía argentina y su conformación urbana implica el transporte de electricidad a muy grandes distancias. La generación distribuida permite otro enfoque. Reduce la cantidad de energía que se pierde en la red de transporte de energía eléctrica ya que la electricidad se genera muy cerca de donde se consume, a veces incluso en el mismo edificio. Esto hace que también se reduzcan el tamaño y el número de las líneas eléctricas que deben construirse y mantenerse en óptimas condiciones. Las fuentes de energía tienen bajo mantenimiento, baja contaminación y alta eficiencia. En el pasado, estas características requerían de ingenieros de operación y complejas plantas para reducir la contaminación. Sin embargo, los modernos sistemas descentralizados pueden proporcionar estas características con operaciones automatizadas y energía renovable no contaminante, tales como la solar, eólica y la geotérmica. Esto reduce el tamaño de las plantas mejorándose la rentabilidad económica. El sistema, en su esquema más básico, está integrado por un consumidor/productor que tiene una fuente de generación de energía renovable con la cual se autoabastece y, cuando su demanda disminuye, vende a la red la energía sobrante; o a la inversa, cuando el autoabastecimiento es menor a su demanda, el consumidor/productor cubre su necesidad adicional tomando (comprando) energía a la red. Esto es posible porque las curvas de demanda son variables según el tipo de consumo. Para que el sistema funcione se requiere un medidor que registre, a nivel del consumidor/productor, los ingresos y egresos de energía y un sistema de regulación tarifaria. Este sistema ya se aplica en varios países. Incluso en algunas de nuestras provincias ya está legislado. Actualmente este adelanto se está discutiendo a nivel nacional. Su aplicación permitirá a los consumidores mayor libertad de elección que operando en un mercado monopólico. Seguramente su generalización llevará un largo proceso, pero el camino está abierto.