Colectivos eléctricos by Guillermo Genta on Scribd
jueves, 25 de agosto de 2016
miércoles, 24 de agosto de 2016
domingo, 21 de julio de 2013
UN PASO EN UN LARGO PROCESO
Marcos Rebasa
El contrato de YPF con Chevron es un paso importante para romper el
cerco que intentó ponerle a la
Argentina la española Repsol. Desde esa perspectiva es un
acto de soberanía fundamental para continuar un largo camino, el que deber ser
complementado con otras acciones para darle sentido y contexto a esta decisión.
En primer lugar obtener acuerdos de YPF, o de otras empresas, para la
explotación de reservas no convencionales de gas, ya que el área motivo de este
acuerdo es principalmente de shale oil, y si bien el petróleo es necesario, lo
importante para el país hoy es el gas, cuya producción intensiva permitirá
evitar las costosas importaciones de ese fluído. En segundo lugar, si bien no
conocemos el contenido del contrato, es muy importante la transferencia de
tecnología a YPF y al sistema tecnológico local de la experiencia de fracking
en EE UU. Chevron tiene una limitada actividad en ese punto, pero existen
numerosas empresas medianas de ese país con las que se puede acordar para
acumular ese conocimiento. Un desarrollo con futuro de este tipo de
yacimientos, requiere también de industria local de suministros petroleros, salvo
que sigamos primarizando nuestra economía, como ocurre con la minería. El
ejemplo brasilero es paradigmático en este aspecto. En tercer lugar, debemos
encontrar formas de financiamiento local complementario que nos independicen del
sometimiento cultural a la inversión extranjera como única salida al desarrollo
de los hidrocarburos. Finalmente, para encauzar, promover y controlar estas y
futuras inversiones, así como al conjunto de la industria, la asignatura
pendiente es un Estado bien estructurado, moderno, eficiente,
institucionalizado, de una magnitud acorde con el desafío que importa esta cuestión
vital de la economía nacional.
PLANIFICACIÓN para una MATRIZ EQUILIBRADA de GENERACIÓN ELECTRICA
La energía
eléctrica es el insumo energético más accesible para la población porque su uso
es sencillo y dúctil; por ello su demanda tiende a aumentar a mayor velocidad
que los otros energéticos. En un contexto de crecimiento sostenido, de un fuerte
consumo sin señales económicas que lo
limiten y con problemas de autoabastecimiento de combustibles, un primer
análisis indica la necesidad de atacar dos frentes simultáneos para paliar el
problema de la balanza comercial externa.
La generación hidráulica, que también
evita el uso de combustibles fósiles, tiene un alto costo de inversión y
necesidades de transporte eléctrico importante por las distancias entre los
lugares donde se encuentran las fuentes hídricas y los centros de demanda; pero
tiene al mismo tiempo bajos costos de operación y la importante ventaja de
poder cubrir tanto la punta como la base del sistema. La generación nuclear
también tiene un alto costo de inversión pero al mismo tiempo un bajo y estable
costo de combustible, ventajas en el costo de transporte a los centros de
consumo, una creciente participación de la industria local en su construcción y
otros beneficios como la tracción tecnológica de proveedores de equipos y
materiales. Otras variantes de generación eléctrica con energías renovables, a
excepción de la biomasa, requieren su desarrollo en un plan de promoción y
aliento, accesible y con recursos nacionales.
La matriz
que proponemos tiene tres condicionamientos claros: (I) agotar las
posibilidades de construir centrales hidráulicas; (II) aumentar fuertemente la
participación nuclear incentivando la participación local en la apropiación de
las tecnologías y manufactura de las partes electromecánicas y en la obra
civil; y (III) incrementar radicalmente la participación de la energía eólica
por las ventajas naturales, su rápida instalación y la posibilidad cierta de la
alta participación industrial local.
En un
esquema de evolución de las participaciones porcentuales de la energía
producida, se
tres etapas con una proyección de crecimiento del 4% anual a mediano plazo, hoy asumida por distintos economistas y planificadores como una tasa sustentable en un marco de desarrollo con fuertes políticas de ahorro a implementar y eficiencia energética de uso. Ello nos posibilitaría llegar al año 2.020 con una matriz de 53,1% de fósil, un 35,3% de hídrica, 7,6% de nuclear, y un 4% de eólica. |
Por ello
proponemos la urgente planificación para el inicio de obras hidroeléctricas y
nucleares si queremos disponer de ellas y tener una mejor matriz de generación eléctrica.
Y si de planificación se trata, propiciamos la creación de la Empresa de Planificación
Energética similar a la
Empresa de Pesquisas Energéticas - EPE, del Brasil, siguiendo
la política nacional de profundización del modelo de gestión estatal. El EPE es
una estructura de consultoría estratégica de alto nivel cuya capitalización
proviene de cargos específicos a empresas privadas de rentas excepcionales,
como las de comunicaciones móviles, contiene un staff altamente especializado
que sustenta el desarrollo autónomo, competitivo y la universalización del
consumo de energía. Y una clara impronta profesional y técnica, identificada
con las políticas de estado.
Carlos
Rey, Marcos Rebasa, Bruno Capra, Andres Repar, Nilda Minutti, Cristina Huwiler,
Silvia Corral, Luis Tognon, Daniel Torchio,
Silvia Veitzman y otros.
Miembros del Instituto de Energía Scalabrini Ortiz
jueves, 18 de julio de 2013
En estos días se está cerrando un acuerdo importante entre YPF y la estadounidense CHEVRON para la extracción de hidrocarburos en la Provincia del Neuquén. El gobierno no ha dado a conocer los alcances del mismo hasta el momento. Hay opiniones en la oposición y dentro de propio oficialismo que no están conformes con esta iniciativa. Es conveniente esperar la ratificación del gobierno de la provincia para profundizar sobre el tema.
viernes, 20 de julio de 2012
Artículo publicado en Página 12. Domingo, 15 de julio de 2012
Desafíos del Estado en el
sector de hidrocarburos: Regulación
y control
Por Marcos Rebasa
El Gobierno y el Congreso han planteado un enorme desafío a futuro al
sancionar la reciente ley de nacionalización de YPF. Junto con esa decisión
resolvieron colocar toda la actividad de los hidrocarburos bajo un nuevo
régimen jurídico y político, lo que exigirá la modificación del sistema de
normas anterior. De ahora en más ese sector es de “interés público nacional”,
definición que alcanza también, por supuesto, a la YPF de mayoría estatal e
incluye al resto de la industria, los que tendrán que inscribirse en esa
orientación. Para ello será necesario que la reglamentación de la ley, una
nueva “carta energética de los hidrocarburos”, trace las líneas maestras de una
política para este sector.
Al declarar de “interés público” el ciclo completo de la actividad
hidrocarburífera, el Congreso la somete a una nueva y específica regulación
estatal y obliga a actualizar y adecuar a ese principio el sistema anterior de
la ley 17.319, verificando si es conveniente mantener, entre otros preceptos,
la propiedad de los combustibles extraídos por parte de las empresas
concesionarias y la libre disponibilidad de las divisas en el caso de
exportación, o el propio sistema de contratación que otorga el total del precio
del combustible para la firma explotadora salvo las regalías, a contramano de
las modernas fórmulas internacionales. Y también aquellos aspectos de la ley
corta –la 26.197 que transfirió a las provincias la administración de los
contratos de concesión de los hidrocarburos– en todo lo que se oponga a los
objetivos de esta nueva definición legal. Pero, además, a ese interés público
le agrega la calificación de “nacional”, es decir, que prima este carácter por
sobre aquellas disposiciones. Siguiendo así una amplia y comprensiva
interpretación de la Constitución nacional sobre los recursos naturales. Por si
quedaban dudas sobre la imperatividad de este nuevo marco normativo, la ley de
nacionalización establece al final de su articulado que ésta es de “orden
público”, es decir, que su vigencia es inmediata y que a la misma no pueden
oponerse otras normas.
Por lo tanto se abre un nuevo capítulo de los hidrocarburos que va a
requerir una serie de nuevas definiciones. La urgencia de esta nueva regulación
es una demanda de la realidad: una gran proporción del sector de explotación de
gas y petróleo pertenece a empresas privadas que siguen rigiéndose por un
sistema de normas que ha quedado desactualizado política y jurídicamente. Con
posterioridad a la sanción de esta ley, Mendoza adjudicó áreas con la vieja
normativa a un consorcio extranjero en el crucial sector de Vaca Muerta, con un
contrato de concesión por 25 años, desvinculado de las necesidades y realidad
de los recursos no convencionales. El conflicto de Cerro Dragón muestra las
dificultades provinciales para resolver una crisis donde juegan intereses
confusos, a los que no es ajena la multinacional PAE, concesionaria del
yacimiento más grande del país, con una prórroga de su contrato por 40 años.
Estos requerimientos abren interrogantes sobre el Estado que deberá
asumir las obligaciones consiguientes. Porque no podemos imaginar que puedan
cargarse tamañas tareas sobre las espaldas de YPF, aparte de que no corresponde
delegarle una responsabilidad política estatal. El Estado nacional en el área
de los hidrocarburos no tiene estructuras institucionales suficientes y
jerarquizadas para afrontar los nuevos desafíos de regulación y control. A ello
se suma la necesidad de llenar de contenidos concretos el “interés público
nacional” de la actividad.
Estos desafíos se inscriben en una nueva mirada sobre el valor de los
recursos naturales estratégicos, que incluye el control de su utilización para
su provecho por todos los argentinos (y las generaciones futuras), y un
rediseño de la distribución de competencias Nación-Provincias.
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